Atlético Madrid, con un doblete de Ángel Correa, vapuleó a Las Palmas por 5 a 0 y se afianzó en puestos de Champions

Tarde de reivindicaciones y virtudes a pares en el Metropolitano. Las de Correa y Llorente. Simeone realizó -al fin- rotaciones en su equipo de cara a lo que se viene para los suyos: Milán y Bilbao. Era el día y el partido para ello. Witsel, De Paul, Hermoso y, especialmente Griezmann iniciaron en el banquillo. Sin Morata por lesión y el mencionado descanso del francés, el Cholo dispuso de un ataque de circunstancias al juntar en punta a Correa, de los menos habituales, con Llorente, un delantero improvisado. El Metropolitano pronto lo celebró. En 20 minutos Marcos ya había firmado su doblete y encarrilado un encuentro que sentenció el argentino con otros dos tantos y al que Memphis puso la guinda para mantenerse como el delantero rojiblanco con mejor ratio goles/minutos jugados.

En Las Palmas, García Pimienta repetía su once de garantías con confianza ciega en Sandro y Munir. Moleiro y Marc Cardona eran suplentes tras protagonizar ante el Valencia, la pasada jornada, la mascletá canaria. Esa que no se produjo en un Metropolitano lleno de camisetas rojiblancas y bastantes amarillas infiltradas en los costados. Con fútbol a mediodía, lo nunca visto esta temporada en el feudo colchonero, el estadio se llenó de familias, bocadillos antes del pitido inicial y ese sol picado que cae en vertical sobre la hierba y tanto molesta al equipo que lo sufre de cara. El azar hizo que los rojiblancos fueran los primeros en enfrentarse a esa luz cegadora, pero el destello sólo cubría la mitad del campo, no alcanzaba a la parcela ofensiva rojiblanca donde brilló lo que faltó ante Athletic y Sevilla: contundencia.

Rotación no es igual a pérdida de gol

Las Palmas, las cosas como son, puso de su parte. Porque una cosa es que al equipo de Pimienta le guste sacar la pelota jugada y otra, que ese fundamentalismo acabe perjudicando. Y los pío pío cruzaron esa fina línea en varias ocasiones. Valles arriesgaba demasiado, Kirian regaló una primera pelota con la que Correa no supo qué hacer y Mármol confirmó lo que se barruntaba en la grada, que aquello terminaría en tragedia. Perdió la pelota y Llorente sólo tuvo que empujar tras el pase de Correa. Aquel fue su segundo gol, pero en el primero también hubo dosis de infortunio canario al no acertar a despejar el balón que también golpeó Llorente. Es a lo que se expone un equipo cuyo juego es un funámbulo entre el riesgo y la estética.

El Atlético ni necesitó ni quiso el balón para desvencijar a Las Palmas. Antes de que eso se produjera, al César lo que es del César. Los de García Pimienta estrellaron un balón a cruceta que de haber entrado hubiera dotado al partido de otro guion. Resuelto el duelo, el Atlético dejó hacer a Las Palmas, que tocó más que amenazó. Ni Munir, ni Sandro ni Marvin pudieron conectarse al juego en las inmediaciones de Oblak. No tuvo sobresaltos el equipo de Simeone. Si acaso, que de ese dominio ficticio y estéril encajara un gol que le pusiera en alerta.

Polivalencia de Llorente y reivindicación de Correa

No lo permitieron los rojiblancos, que volvieron a ajusticiar a Valles en el arranque del segundo tiempo. Correa enganchó de volea en el punto de penalti un globo de Koke con la cabeza y reflejó la descosida y superada defensa de Las Palmas durante toda la tarde. Contundente exhibición goleadora del Atlético. Turno para la reacción, o al menos buscarla. Porque entre el triple cambio de García Pimienta y el cuádruple de Simeone, Figueroa Vázquez se dirigió a la pantalla. Marvín había derribado a Lino en el área y tenía al oído llamada de VOR. Había contacto en la pierna de apoyo. Correa lo pidió y Correa lo lanzó. Inalcanzable para Valles.

Sobre el pasto poco sucedía ya, si acaso que Oblak se hizo grande para tapar un mano a mano con Javi Muñoz y un disparo de Marc, si acaso el último gol de Memphis asistido por Riquelme. La palma de una mano iba a ser esta vez para el Atlético, que jugó un partido recto cuando su calendario atraviesa curvas. Es en ellas donde mejor se desenvuelve Llorente, que avisa al Inter de que su producción goleadora mejora a estas alturas de la temporada. Que pregunten por Liverpool. Aunque cuatro años después de aquella épica noche colchonera, todos sus caminos llevan a Milán.

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